De la Revolución Pacífica a la Unidad Alemana

Pseudoestabilidad


Pseudoestabilidad Ampliar imagen El Jefe del Estado y del Partido de la RDA, Erich Honecker (© dpa-picture-alliance)

Bonn, 7 de septiembre de 1987. El Jefe del Estado y del Partido de la RDA, Erich Honecker, es recibido por el Canciller Federal Helmut Kohl con amplios honores protocolarios. Por un momento el régimen del SED que domina la República Democrática Alemana (RDA) parece más afianzado que nunca. Pero mientras que Berlín-Este apuesta ostensiblemente por la separación y exige con renovada vehemencia el reconocimiento estatal por parte de la República Federal, desde Moscú sopla un viento nuevo. Las consignas de la perestroika (reestructuración) y la glasnost (transparencia) encarnan el intento de Mijaíl Gorbachov de reformar el gigantesco imperio arruinado y aproximarse a Occidente. Simultáneamente Moscú reconoce paso a paso un mayor grado de autonomía a sus aliados. Polonia y Hungría encabezan el proceso de reforma. La cúpula del Partido Socialista Unificado de la RDA (SED) rechaza el cambio de rumbo. En tiempos, Berlín-Este afirmaba querer "aprender a vencer" de la Unión Soviética. En esta nueva tesitura de repente se prohíben en la RDA películas soviéticas y la revista soviética Sputnik, porque abordan críticamente el estalinismo. La RDA se sume en un creciente aislamiento frente a su propio bloque. Incluso miembros del SED dudan cada vez más de sus líderes empecinados e inflexibles: a principios de 1989 Honecker declara que el Muro resistirá otros cincuenta o cien años.

Descontento


Descontento Ampliar imagen En la RDA hacer cola es una ocupación cotidiana. (© dpa/ picture-alliance)

En la década de los ochenta el descalabro económico de la RDA es palpable. La industria se desploma. El medio ambiente está contaminado. En muchos sitios los colores de la vida cotidiana son el amarillo que tiñe el aire y el gris de la ropa tendida. El gris también impregna los degradados cascos antiguos de las ciudades. En la periferia proliferan barrios de bloques de viviendas prefabricadas construidos a toda prisa. La ineficiente economía planificada depende por igual de las importaciones de crudo soviético barato como, en medida creciente, de créditos occidentales. La sociedad de la RDA, emparedada desde 1961, divide a la gente entre quienes disfrutan de privilegios o tienen acceso a la divisa de Alemania Occidental y aquellos otros que tienen que aguardar en colas cada vez más interminables ante tiendas cada vez más desabastecidas. La vida en la RDA está vigilada, reglamentada y en gran medida predeterminada por el régimen de partido único. Crece el descontento. Cada noche, los habitantes de la RDA "viajan" con la televisión alemana occidental al oeste por espacio de algunas horas. En la vida cotidiana se escenifica una lealtad ficticia, las casas se adornan con banderas patrias, se acude a concentraciones y se pagan las cuotas de afiliación a las organizaciones de masas y partidos. La máxima de las autoridades parece ser "Vosotros hacéis como que nos seguís y nosotros hacemos como que os creemos."

Fraude electoral


Fraude electoral Ampliar imagen Domingo, 7 de mayo de 1989. Elecciones municipales en la RDA. (© dpa/ picture-alliance)

Domingo, 7 de mayo de 1989. Elecciones municipales en la RDA. La cita con las urnas se orquesta para aparentar la aprobación popular de la política del SED. Pero la escenificación se transforma en una auténtica película de suspense electoral, que sólo puede verse en la televisión alemana occidental: hombres y mujeres jóvenes denuncian ante las cámaras que el régimen del SED ha manipulado los resultados y que activistas de los derechos civiles han vigilado el escrutinio en cientos de locales electorales a lo largo y ancho de la RDA. Es así como muchos alemanes orientales se enteran por primera vez de la existencia de una red cada vez más tupida de grupos pacifistas, de derechos humanos, ecologistas y tercermundistas que, a menudo bajo la égida de la iglesia, viene cuestionando desde la década de los ochenta la supremacía política del SED. Algunas de sus acciones ya habían despertado atención en el pasado, pero ahora la oposición de la RDA demuestra no sólo su capacidad de actuar unida sino que también pone en evidencia la mendacidad de la cúpula del partido y del Estado. Al rechazar todas las acusaciones, el régimen presencia con creciente impotencia cómo los activistas de los derechos civiles no sólo presentan un alud de quejas y denuncias sino que organizan protestas públicas en reacción al fraude electoral. El 4 de junio de 1989 la matanza perpetrada en la Plaza de la Paz Celestial de Pekín solivianta a muchos ciudadanos de la RDA. Mucha gente se suma a las protestas. En Berlín-Este, capital de la RDA, a partir de junio las manifestaciones se suceden el día 7 de cada mes.

Despedida


Despedida Ampliar imagen A finales de septiembre 6.000 ciudadanos de la RDA aguardan en la Embajada de Praga la autorización para abandonar el país. (© dpa/ picture-alliance)

Mientras que al principio es una minoría la que protesta públicamente, mucha otra gente va perdiendo la esperanza de que la RDA sea capaz de reformarse desde dentro. En 1989 más de 100.000 ciudadanos de la RDA están a la espera de que se autoricen sus solicitudes para abandonar el país y establecerse en la República Federal. Animados por el ejemplo de los activistas de derechos humanos, los afectados empiezan a dirigirse a la opinión pública. En Leipzig les sirve de punto de encuentro la Nikolaikirche (Iglesia de San Nicolás). En medio de estos hechos, el 6 de febrero de 1989 es muerto a tiros el joven de veinte años Chris Gueffroy al intentar saltar el Muro de Berlín para huir a Alemania Occidental. En verano las autoridades húngaras empiezan a desmantelar las alambradas a lo largo de la frontera con Austria. En un primer momento unos cientos de ciudadanos de la RDA –en agosto serán cerca de tres mil– que se encuentran de viaje en Hungría con visado de turistas logran cruzar así a Occidente. Miles de personas permanecen en Hungría a la espera de una oportunidad propicia para escapar. A partir del 11 de septiembre, fecha en que Hungría abre oficialmente la frontera para los ciudadanos de la RDA, en cuestión de tres días un total de 15.000 alemanes orientales se trasladan a la República Federal de Alemania a través de Austria. A lo largo del verano miles de ciudadanos de la RDA buscan asilo en las misiones diplomáticas de la República Federal en Praga, Budapest, Varsovia y Berlín-Este. A finales de septiembre 6.000 ciudadanos de la RDA aguardan en la Embajada de Praga la autorización para abandonar el país. En la cúpula de Berlín-Este impera el desconcierto. "No vamos a derramar ni una lágrima por ellos", termina comentando cínicamente el Jefe del Estado y del Partido Honecker en "Neues Deutschland", el órgano del SED.

Eclosión


Eclosión Ampliar imagen Leipzig, 4 de septiembre de 1989, arranque de las manifestaciones de los lunes. (© dpa/ picture-alliance)

Cuando la RDA corre el riesgo de desangrarse por el mayor éxodo vivido desde la construcción del Muro y el régimen del SED sigue haciendo gala de su cerrazón, llega el turno del movimiento cívico, que aglutina a un cada vez mayor número de personas. La convocatoria para fundar un partido socialdemócrata se produce ya en el mes de julio. "Aufbruch 89" (Despertar 89) es el título de la resolución con la que se funda el "Neues Forum" (Nuevo Foro) en el mes de septiembre. "Demokratie Jetzt" (Democracia Ahora) o "Demokratischer Aufbruch" (Despertar Democrático) son los nombres de otros grupos cuyo denominador común es el de salir al encuentro de la sociedad y formular una alternativa política al SED. En esta tesitura los medios occidentales y sus corresponsales en la RDA adquieren enorme importancia, porque ofrecen a la oposición un cauce de expresión tanto en el este como en el oeste de Alemania. El 4 de septiembre comienzan en Leipzig las que se conocerían como manifestaciones de los lunes, cuando al término de la oración por la paz 1.000 activistas de los derechos civiles y peticionarios de permisos para abandonar el país se concentran delante de la Nikolaikirche (Iglesia de San Nicolás) para pedir "un país abierto de ciudadanos libres". Una semana después la Volkspolizei ("policía del pueblo") detiene a 89 manifestantes. 19 son condenados a penas de prisión. La gente acude a oficios de intercesión celebrados en iglesias de todo el país para solidarizarse con los presos. Se extiende la indignación. Proliferan las manifestaciones. El grito "¡Queremos salir de aquí!" da paso a un clamor tenaz: "¡Aquí nos quedamos!"

Autoengaño


Autoengaño Ampliar imagen La cúpula del Partido y del Estado escenifica el cuadragésimo aniversario de la fundación de la RDA. (© dpa/ picture-alliance)

Aparentemente impasible ante la efervescencia que vive el país, la cúpula del Partido y del Estado realiza los preparativos para la conmemoración del cuadragésimo aniversario de la fundación de la RDA el 7 de octubre. Nada debe interferir las solemnidades, y menos aún las imágenes de las Embajadas de la República Federal de Alemania en Varsovia y Praga atestadas de gente. Así las cosas, a finales de septiembre la cúpula de la RDA da su consentimiento para que los 6.000 ocupantes de la Embajada de Praga se trasladen a Alemania Occidental, pero con la condición de que salgan a través del territorio de la RDA en trenes especiales. La pretendida demostración de soberanía estatal termina en desastre. El 4 de octubre se producen en Dresde violentos enfrentamientos con la policía cuando 3.000 personas intentan subir a los trenes en la estación central. Los disturbios se prolongan durante días. Finalmente, el 7 de octubre el régimen del SED pone en escena una fantasma­górica liturgia de dominación a base de marchas de masas, paradas militares y una ceremonia en el Palacio de la República. Pero ni siquiera ese día se consigue acallar las protestas en la RDA. En Berlín-Este la Volkspolizei ("policía del pueblo") carga brutalmente contra miles de manifestantes pacíficos mientras en el Palacio de la República se hallan congregados los jefes de los Estados y Partidos comunistas venidos de todo el mundo, incluido Mijaíl Gorbachov en representación de la Unión Soviética, quien a su llegada a Berlín lanzó una advertencia a sus compañeros alemanes orientales: "La vida castiga a quien no llega a tiempo".

Desenlace

Desenlace Ampliar imagen Desde del 4 de septiembre de 1989 Leipzig es escenario de manifestaciones todos los lunes. La respuesta policial es una masiva presencia de efectivos y una represión brutal. (© dpa/ picture-alliance)

El lunes siguiente a los actos conmemorativos oficiales se respira en Leipzig una tensión insoportable. El número de personas que acude a las manifestaciones de los lunes viene aumentando semana tras semana. ¿Daría el régimen del SED la orden de reprimir violentamente a los manifestantes una vez concluidos los festejos? En las afueras de la ciudad se apostan vehículos militares. En escuelas y fábricas se avisa a la gente que no se acerque al centro de la ciudad por la noche. En los hospitales se hace acopio de bolsas de sangre para transfusiones, los médicos son puestos en alerta. Los comercios del centro de Leipzig cierran a las cinco de la tarde. Pese a las intimidaciones, 70.000 mujeres y hombres se concentran a última hora de la tarde en las calles próximas a la Nikolaikirche (Iglesia de San Nicolás) y la Karl-Marx-Platz; la afluencia de manifestantes supera todas las previsiones, incluidas las de las fuerzas del orden. Una comitiva de decenas de miles de personas se pone en marcha para rodear por primera vez completamente la ronda de circunvalación del centro urbano. El clamor popular inunda las calles con los lemas "¡Nosotros somos el pueblo!" y "¡No violencia!". A las 18:25 el jefe de la policía ordena el repliegue de sus unidades armadas después de que ni la cúpula de Berlín-Este ni los dirigentes locales del SED se atrevieran a dar la orden de intervención. Las imágenes de 70.000 héroes anónimos que han perdido el miedo llegan esa misma noche a todos los hogares alemanes a través de los programas informativos de la televisión alemana occidental. La RDA vive una Revolución Pacífica.

Vueltas y revueltas


Vueltas y revueltas Ampliar imagen Tras la caída de Erich Honecker, le sucede en sus cargos Egon Krenz. (© dpa/ picture-alliance)

Al cabo de nueve días en los que se suceden las manifestaciones a lo largo y ancho del país, en Plauen, Dresde, Karl-Marx-Stadt, Halle y otras muchas localidades de menor tamaño, la cúpula del SED finalmente toma medidas visibles. El 18 de octubre el Jefe del Estado y del Partido, Erich Honecker, dimite de todos sus cargos. Le sucede Egon Krenz, que sólo dos días antes había tenido el valor de acordar con otros miembros del Politburó la destitución de Honecker. Cuando piden el beneplácito de Moscú, Gorbachov les desea "buena suerte" y declara que el asunto es responsabilidad exclusiva del Partido Socialista Unificado (SED). En su primera alocución televisiva como Jefe del Partido, Krenz anuncia una "Wende", un "cambio" político. Para mantenerse en el poder el SED ofrece diálogo y reformas. Pero la ciudadanía desconfía de quien durante muchos años fue el delfín de Honecker y que, ese mismo verano, había justificado la matanza de la Plaza de Tiananmen en Pekín. La cúpula del Estado y del Partido emprende apresuradamente confusas tentativas de reforma. La economía de la RDA está al borde de la bancarrota. Las ayudas financieras de Alemania Occidental se condicionan a la implantación de nuevas reformas. La presión de la calle aumenta sin cesar. El 4 de noviembre más de 500.000 personas se manifiestan en la Alexanderplatz de Berlín-Este. El 7 de noviembre dimite el Gobierno, al día siguiente el Politburó del SED en pleno. El primer borrador de la nueva ley de permisos de salida al extranjero contiene tantas excepciones que en Leipzig medio millón de personas se echa a la calle.

Caída del Muro

Caída del Muro Ampliar imagen El Muro de Berlín, el símbolo de la división, se ha derrumbado. (© dpa/ picture-alliance)

Jueves, 9 de noviembre de 1989, ocho de la tarde. La sintonía del informativo "Tagesschau" convoca a los alemanes delante de las pantallas de televisión. "La RDA abre la frontera" es el titular de cabecera. En las imágenes se ve a Günter Schabowski, portavoz del SED, anunciando en una conferencia de prensa de esa misma tarde la nueva normativa de permisos de viaje que permite viajar a países occidentales "sin exigencia de requisitos". Preguntado por la entrada en vigor, el miembro del Politburó del SED contesta que las nuevas normas rigen "desde ya". El Tagesschau comenta la primicia con estas palabras: "Según eso, el Muro se abre esta misma noche." En todo Berlín-Este hombres y mujeres se ponen los abrigos y, titubeantes e incrédulos, se dirigen a los pasos fronterizos. En el puesto de control de Bornholmer Straße se agolpan en un primer momento varios cientos de personas, hacia las once de la noche casi 20.000. El gentío grita: "¡Que abran ya! ¡Que abran ya!" y "¡Ya volveremos, ya volveremos!". Media hora más tarde los guardias capitulan ante la presión popular. Se levanta la barrera. Poco después ocurre lo mismo en otros puestos fronterizos de Berlín y la frontera entre las dos Alemanias. En el paso de Invalidenstraße miles de berlineses occidentales fuerzan a los guardias a abrir la frontera. Berlín vive una explosión de júbilo inenarrable, la gente se abraza y da rienda suelta a sus emociones. El Muro de Berlín, el símbolo de la división, se ha derrumbado.

Perspectivas

Perspectivas Ampliar imagen "Ahora converge lo que de por sí va unido", comenta Willy Brandt al día siguiente de caer el Muro. (© dpa/ picture-alliance)

Inopinadamente, la caída del Muro sitúa la cuestión alemana en el orden del día de la política mundial. "Ahora converge lo que de por sí va unido", comenta Willy Brandt al día siguiente de caer el Muro. El 28 de noviembre el Canciller Federal Helmut Kohl anuncia un programa de diez puntos para el restablecimiento de la unidad alemana por medio de una federación, proceso que según las estimaciones durará como mínimo cinco años. A Polonia le preocupa la validez de su frontera occidental. Gran Bretaña y Francia ven asomar en el horizonte a Alemania como nueva gran potencia en ciernes. La Unión Soviética teme por los frutos de la guerra contra la Alemania nazi, que tanto sacrificio y sufrimiento costó. Sólo de Washington llegan mensajes de aliento. Tanto en el Este como en el Oeste de Alemania la perspectiva de una pronta reunificación es rechazada sobre todo entre los intelectuales. El mismo día 28 de noviembre se publica bajo el título "Por nuestro país" un manifiesto en el que se propugna que la RDA se convierta en "una alternativa socialista a la República Federal". Pero los habitantes de la RDA están hartos de experimentos. El grito inicial de las manifestaciones "¡Somos el pueblo!" se transforma en el lema "¡Somos un solo pueblo!". Cuando el 19 de diciembre el Canciller Federal Kohl visita Dresde en compañía de Hans Modrow, Presidente del Consejo de Ministros de la RDA desde noviembre, habla ante una multitud de decenas de miles de personas en medio de un mar de banderas alemanas.

Transición


Transición Ampliar imagen Los activistas de los derechos civiles encabezan el proceso de democratización interna de la RDA (© dpa/ piture-alliance)

La apertura del Muro acelera la descomposición del poder del SED. Se producen dimisiones masivas de funcionarios del SED, cientos de miles de afiliados al partido devuelven sus carnés. Los partidos políticos, hasta entonces controlados por el SED, con la CDU (Christliche Demokratische Union Deutschlands – Unión Demócrata Cristiana de Alemania) y el LDPD (Liberaldemokratische Partei Deutschlands – Partido Liberal Demócrata de Alemania) a la cabeza, se autonomizan. El 1 de diciembre se deroga la prerrogativa de liderazgo del SED consagrada en la constitución de la RDA. El 8/9 de diciembre el SED se rebautiza como "Partido del Socialismo Democrático" en un intento de salvar los muebles. La situación económica y el desabastecimiento se agravan por momentos. Todavía permanecen en el país 380.000 soldados soviéticos, todavía miembros del SED ocupan los puestos de mando del aparato del Estado y los "órganos armados". El poder está en el alero. Paso a paso los activistas de los derechos civiles tratan de asumir el control. El 22 de noviembre la oposición consigue sacar adelante la creación de una "Mesa Redonda" central en Berlín-Este, en torno a la cual se sientan representantes de las viejas y nuevas fuerzas políticas. Las principales reivindicaciones de la oposición son la celebración de elecciones libres, la aprobación de una constitución democrática y la disolución de la policía política. De ahí a fin de año en muchos sitios se organizan "Mesas Redondas" a nivel local para controlar el funcionamiento de los aparatos del poder y de la administración. El 5 de febrero de 1990 ocho representantes de la oposición extraparlamentarias se incorporan al Gobierno Modrow como ministros sin cartera.

Descabalgados del poder


Descabalgados del poder Ampliar imagen Se disuelve la policía política y se abren los archivos secretos (© dpa/ picture-alliance)

La ocupación, el 15 de enero de 1990, de las dependencias de la que fuera sede oficial de Erich Mielke en la Normannenstraße de Berlín-Este asesta a la vista de todos el golpe de gracia al poder del Ministerio de Seguridad del Estado (MfS). En tan sólo unas semanas el "escudo y espada del Partido" había saltado en mil pedazos. En octubre de 1989 la policía política, conocida como Stasi, todavía contaba con 90.000 efectivos fijos y unos 174.000 "colaboradores no oficiales", a saber, confidentes. El 13 de noviembre ve notablemente erosionada su autoridad cuando su jefe, Erich Mielke, visiblemente aturdido, declara: "Pero si yo quiero a todo el mundo". El Gobierno Modrow, en un intento de perpetuar su funcionamiento, rebautiza el MfS como "Amt für Nationale Sicherheit" (AfNS, Departamento Nacional de Seguridad). A principios de diciembre se corre la voz de que el AfNS, conocido como "Nasi" en alusión a la "Stasi", destruye sistemáticamente documentos comprometedores. El 4 de diciembre activistas de derechos civiles ocupan en Erfurt y al poco tiempo también en otras capitales de distrito las sedes centrales de la policía política. El 9 de diciembre la oficina distrital del MfS en Gera insta públicamente a no tolerar la ocupación de las sedes del organismo, pero no encuentra eco ninguno. El 11 de enero Hans Modrow cede a la presión de la "Mesa Redonda" y renuncia a los planes de llevar adelante el trabajo de la Stasi bajo nuevas siglas. De este modo la ciudadanía no sólo logra sacudirse el yugo de la policía secreta sino que también se hace con su documentación. El acceso público a esos ficheros policiales resulta de vital importancia para desentrañar y desenmascarar la dictadura del SED.

Triunfo

Triunfo Ampliar imagen Las elecciones parlamentarias del 18 de marzo sellan el triunfo de la Revolución Pacífica en la RDA. (© dpa/ picture-alliance)

Cuando el domingo, 18 de marzo, cierran los colegios electorales en la RDA y las estimaciones de voto van dando paso a los primeros resultados, se confirma la sorpresa: en las primeras y únicas elecciones parlamentarias libres en la historia de la RDA el 48 por ciento de los electores vota por la Allianz für Deutschland (Alianza para Alemania), constituida por la CDU de Alemania Oriental, Demokratischer Aufbruch (DA, Despertar Democrático) y la Deutsche Soziale Union (DSU, Unión Social Alemana). Los partidos y alianzas del movimiento cívico sólo consiguen reunir alrededor del 27 por ciento de los votos, correspondiendo casi el 22 por ciento al SPD alemán oriental, que semanas antes daba por hecha su victoria en las urnas. Los liberales obtienen el cinco por ciento de los votos y el Partido del Socialismo Democrático (PDS), sucesor del SED, logra, con todo, el voto de uno de cada seis electores. Uno de los temas que decanta las elecciones es la postura de los partidos ante la unidad alemana. Aunque también el SPD y las alianzas electorales del movimiento cívico se habían pronunciado a favor de la reunificación, fue "Alianza para Alemania" la formación que defendió esa vía de manera más directa. Más importante aún fue que la Alianza, a diferencia de sus adversarios, contaba con la baza del apoyo del Gobierno Kohl, lo cual para muchos alemanes orientales equivalía a la posibilidad real de recibir ayudas tangibles de forma inmediata. El 12 de abril de 1990 se constituye un Gobierno de coalición formado por los partidos de la Alianza, el SPD y los liberales, liderado por Lothar de Maizière. Las elecciones generales libres y el gobierno y la oposición democráticamente elegidos en las urnas sellan el triunfo de la Revolución Pacífica.

Equiparación


Equiparación Ampliar imagen La gente corea en las calles "¡Si llega el marco alemán nos quedamos, si no, nos vamos!". (© dpa/ picture-alliance )

El Gobierno de Maizière se enfrenta a retos sin precedentes. Los electores le han conferido el mandato de hacer realidad la adhesión de la RDA a la República Federal del modo más rápido y responsable posible, impulsando las reformas políticas necesarias, estabilizando la situación económica y sobre todo el abastecimiento de la población y negociando conjuntamente con la República Federal los tratados bilaterales e internacionales necesarios para llevar a efecto la unificación. Tanto Berlín-Este como Bonn sufren la presión de los acontecimientos: día tras día dos mil alemanes orientales hacen las maletas y se marchan a la República Federal, donde la capacidad de acogida hace tiempo que está agotada, mientras que en el este apenas se logra cubrir el vacío dejado por las 550.000 personas que han abandonado su tierra desde el verano de 1989. Mientras tanto, la gente corea en las calles "¡Si llega el marco alemán nos quedamos, si no, nos vamos!". El 1 de julio entra en vigor la Unión Monetaria, Económica y Social, cuyas bases legales fueron firmadas el 18 de mayo. De la noche a la mañana, la puesta en circulación del marco alemán (DM) va acompañada de la implantación oficial de la economía de mercado entre el Elba y el Odra. La privatización de las empresas de propiedad estatal de la RDA se confía a la Treuhandanstalt (Agencia Fiduciaria), cuya fundación se remonta a un acuerdo del Gobierno Modrow.

Solidaridad


Solidaridad Ampliar imagen El año 1990 está marcado por las aproximaciones y proximidades entre los alemanes de ambos lados (© dpa/ picture-alliance)

En la primavera de 1990 el 85 por ciento de los alemanes orientales está en favor de la reunificación del país; en Alemania occidental la cifra es del 70 por ciento en enero. Los alemanes del este y del oeste están deseosos de conocer la realidad del otro lado y salen al encuentro los unos de los otros. La curiosidad es grande, como lo es la alegría por el reencuentro. La solidaridad no se limita a los cien marcos de "dinero de bienvenida" que se les entrega a los alemanes orientales para ayudarles a dar los primeros pasos cuando viajan al oeste para familiarizarse con esa otra realidad. También se constituyen hermanamientos a iniciativa de los Länder (Estados Federados), municipios, partidos políticos, asociaciones y todo tipo de entidades, así como infinidad de particulares. Las iglesias practican la solidaridad interregional. Todos apoyan la transformación democrática y el reflotamiento económico con recursos humanos, financieros y técnicos. Todavía no circulan los conceptos "Besser-Wessis" (sabelotodos, en referencia a los alemanes occidentales) ni "Jammer-Ossis" (llorones, en referencia a los alemanes orientales). A pesar de algunas advertencias y cierto escepticismo, mucha gente espera la llegada inmediata de la prosperidad, lo que se da en llamar los "paisajes florecientes". Muchos alemanes orientales cumplen sus sueños de toda la vida: de repente en los Campos Elíseos o en Mallorca se oye hablar en dialecto sajón. El mercado de vehículos de ocasión de Alemania Occidental agota sus existencias. En la euforia del momento, hasta los pepinos, la mostaza o la harina de Alemania Occidental parecen tener mejor sabor que los productos autóctonos. La "Ostalgie", la nostalgia de una Alemania Oriental que fue, resulta inimaginable en esta tesitura.

2 + 4 = 1


2 + 4 = 1 Ampliar imagen Las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial dan su conformidad para la reunificación alemana (© dpa/ picture-alliance)

A mediados de 1990 el edificio de la unidad alemana está por rematar. Le falta su clave de bóveda, la aprobación de las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial, que en ningún momento renunciaron por completo a sus derechos y responsabilidades en relación con Alemania como un todo. Los dos Estados alemanes no sólo pertenecen a sistemas de alianza opuestos sino que en su territorio permanecen acantonadas en gran número tropas de ambos bloques. Además, es preciso tomar en cuenta los intereses de seguridad de los países vecinos. En torno a estos problemas giran las denominadas negociaciones 2 + 4 iniciadas en el mes de mayo entre los Ministros de Relaciones Exteriores de las dos Alemanias, los Estados Unidos de América, la Unión Soviética, Gran Bretaña y Francia. El 21 de junio los dos Parlamentos alemanes declaran y reconocen en una resolución de idéntico tenor literal la inviolabilidad de la frontera occidental de Polonia. El principal obstáculo es la cuestión de la futura inserción de Alemania en la Alianza Atlántica. Helmut Kohl consigue desbloquear este punto a través de una negociación personal con Mijaíl Gorbachov. El 16 de julio ambos mandatarios anuncian ante la prensa la conformidad de la Unión Soviética con la pertenencia de Alemania a la OTAN. Con la firma del Tratado 2 + 4 el 12 de septiembre Alemania recobra su plena soberanía estatal. El camino hacia la reunificación está expedito.

Aprobado


Aprobado Ampliar imagen El Tratado de Unificación, negociado en 56 días entre Alemania Oriental y Alemania Occidental, abarca más de mil páginas. (© dpa/ picture-alliance)

A partir de la primavera de 1990 se mantiene un intenso debate sobre la vía que ha de conducir a la unidad alemana. Una minoría quiere que se tome al pie de la letra a los padres de la Ley Fundamental de la República Federal, quienes en el Artículo 146 del texto constitucional establecieron que éste habría de perder su validez el día en que entrara en vigor una Constitución libremente adoptada por el pueblo alemán. El 23 de agosto el Parlamento de la RDA, la Volkskammer (Asamblea Popular), aprueba por abrumadora mayoría, de conformidad con lo establecido en el Artículo 23 de la Ley Fundamental, la adhesión de la RDA a la República Federal de Alemania con efectos a partir del 3 de octubre de 1990. Ello supone un espaldarazo a la Ley Fundamental, la Constitución acrisolada a lo largo de cuatro décadas y a la cual la República Federal no tiene intención de renunciar. A esta decisión le sigue, el 31 de agosto, el Tratado de Unificación, negociado en un tiempo récord de ocho semanas. El Tratado regula las modificaciones necesarias de la Ley Fundamental, los asuntos relacionados con la armonización jurídica y la administración pública en Alemania Oriental, los temas financieros y los ámbitos del trabajo, los asuntos sociales, la mujer y la cultura. Puntos controvertidos como por ejemplo la sede de la futura capital federal se aplazan o se regulan en protocolos adicionales, como es el caso del acceso de la ciudadanía a la documentación de la policía política del régimen, reivindicación que los activistas de derechos civiles de la RDA habían logrado imponer ese verano mediante una huelga de hambre.

Unidos


Unidos Ampliar imagen Los alemanes celebran la reunificación el 3 de octubre de 1990 con fuegos artificiales sobre el edificio del Reichstag. (© dpa/ picture-alliance)

Medianoche del 3 de octubre de 1990. A los acordes del himno nacional se iza sobre el Reichstag de Berlín la bandera de la Alemania unida. La RDA deja de existir como Estado cuatro días antes del cuadragésimo primer aniversario de su fundación; la división de Alemania está superada. Un espectacular castillo de fuegos artificiales ilumina las calles y plazas alrededor del Reichstag, donde se ha congregado un millón de personas para celebrar este momento histórico. Apenas han transcurrido doce meses desde que los alemanes orientales derrocaron la dictadura del SED, que se había prolongado durante cuarenta años. La Revolución Pacífica y la democratización desde dentro vividas en la RDA fueron los factores que allanaron el camino hacia la unidad alemana y sentaron las bases para que, a partir de 1990, por primera vez en su historia todos los habitantes de Alemania pudieran vivir en paz, libertad y democracia, dentro de fronteras reconocidas, en amistad y respeto mutuo con sus vecinos. El viraje en la RDA se inscribió entre las Revoluciones Pacíficas de Europa Central y Oriental, que no sólo derribaron las dictaduras comunistas sino que también permitieron superar la división de Europa producto de la Segunda Guerra Mundial, desatada en 1939 por la Alemania nazi. Así fue como el año 1989 pasó a la historia como el año de la libertad europea.